Alejandro Cardona
Para Forja

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Orfeo y Eurídice (El destierro de la serpiente), espectáculo de Vicky Cortés con música mía, que se reestrena en el Teatro Nacional el primer fin de semana de junio, es una particular mezcla de danza-teatro, ópera y multimedia. Basado en el mito de Orfeo y Eurídice, podría parecer algo extraño en el marco de los anteriores trabajos de Cortés. Sin embargo, no es así.

Los mitos, aparte de ser historias, tienen una estructura y un contenido esenciales, depurados históricamente. Si han sobrevivido, no es por nostalgia, sino porque contienen verdades existenciales que permiten iluminar la realidad presente. Contienen (y nos ofrecen generosamente) múltiples lecturas que trascienden la simple anécdota. Son una fuente de conocimiento y nos permiten entender, un poco mejor, quienes somos.

Así, la lectura que hace Cortés del mito de Orfeo y Eurídice tiene que ver con el destino de hombres y mujeres en el contexto de la sociedad patriarcal. Y esto no se encuentra nada lejos de las temáticas de otras obras suyas como Estatua pública, Historia mínima o Beauty Sleep: nombre provisional.

El tejido escénico-plástico-musical de este Orfeo nos muestra un proceso de desnaturalización de los personajes: de seres íntegros (o al menos potencialmente íntegros) pasan a ser roles. Se aferran desesperadamente a símbolos, íconos y “cuentos de hadas”, mutilados y descontextualizados. Orfeo no se enamora de una mujer real, sino de una imagen femenina hecha a su medida. Eurídice, sometida por la lógica patriarcal, no puede ser más que un mero reflejo de estas ilusiones masculinas, hasta el punto de ser la mayor defensora de ellas. Así, la muerte de Eurídice no es una verdadera muerte, es el desvanecimiento de una mujer que nunca existió. Y la muerte de Orfeo, a manos de las Ménades despreciadas, es un “asesinato político”, por querer éste abandonar las ilusiones, vestidas de blanco, que son la máscara que encubre lo perverso del sistema patriarcal.

De este modo, la lectura del mito no parte literalmente de la historia misma, de la anécdota representada, sino de las diversas formas en que ésta es “iluminada” por las propuestas sonoras, visuales y de movimiento.

Orfeo y Eurídice (El destierro de la serpiente) se basa en una interpretación libre de los siguientes sucesos:
Orfeo, un Tracio semibárbaro, es músico y poeta. Vive solo, es soberano. Con su lira de caparazón de tortuga y su canto, es capaz de influir en la naturaleza. Tan es así que, los animales y los pájaros se le acercan, los peces salen a la superficie del mar, la tierra, los árboles y grandes piedras se desplazan, los ríos se quedan inmóviles y se forman grandes montículos.

Él se enamora de una bella ninfa, llamada Eurídice. Se casan. Ella, cuando camina por el campo, es picada por una serpiente venenosa y muere. Por causa de esto, Orfeo, destrozado por la muerte de Eurídice, decide ir a recuperarla al inframundo. Supera obstáculos y peligros valiéndose de su talento musical.

Sus lamentos logran conmover a Hades y Perséfone, que le permiten salir del inframundo con Eurídice. Ponen una condición: ella debe caminar detrás de él sin que la pueda voltear a ver hasta salir a la luz del día. Orfeo, desconfiado, se da la vuelta apenas sale a la superficie. Sin embargo, Eurídice se encuentra todavía en la sombras del inframundo y se desvanece para siempre.

Con la pérdida definitiva de Eurídice, Orfeo se aísla de la sociedad. Regresa a su tierra y busca recuperar su vida soberana. Hay muchas versiones acerca de su muerte. Una es su asesinato a manos de las ménades o bacantes, al sentir ellas su desprecio. Pero casi todas concuerdan en que fue descuartizado y su cuerpo aventado a un río o al mar.